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ENTREVISTAS

 

Oct 23, 2020

Imaginario 5 / 5

Contraste entre el medio rural y el medio urbano.

Portada. Barranca del Río Santiago
 

Publicado: 27 Junio 2017

 

Las zonas rurales conservan un estilo de vida, producción y tradiciones que son importantes  para el desarrollo de la metrópoli, es por esto que la Ruta 2042 hizo escala en la Centralidad Emergente de Matatlán, en el Municipio de Zapotlanejo. En este contexto, la actividad se orientó en fomentar la reflexión en los habitantes sobre las implicaciones positivas y negativas del desarrollo urbano y a su vez conocer su visión sobre cuál es el escenario ideal de desarrollo en la zona, considerando sus problemas existentes, y el estilo de vida al que están acostumbrados.

 

Tomando este cuestionamiento como punto de partida, y recuperando la información recabada durante las conversaciones llevadas a cabo podemos llegar a tres conclusiones. La primera es que existe un fuerte arraigo cultural al sitio asociado a los orígenes de la localidad y a la historia reciente. La segunda es que la dinámica económica y laboral  actual de la zona ofrece pocas alternativas a la población, generando un crecimiento reducido. Y finalmente, se percibe desde la distancia el efecto de urbanización, aunque existe una idea común de lo que podría traer consigo.

 

En ocasiones se habla de una cultura urbana opuesta a una cultura rural, para luego englobar dentro la segunda un paquete de prácticas, tradiciones y comportamientos. Así, podríamos definir sin problema la dinámica actual de Matatlán, un poblado en donde el tiempo no corre, la gente se conoce porque en gran medida son todos parientes y la vida cotidiana no está abruptamente amputada de los ecosistemas naturales. Podríamos considerar incluso tales prácticas como virtudes y querer defenderlas ante los vicios que una hipotética cultura urbana trae consigo. Con la intención de superar esta simple oposición, este artículo busca establecer algunas hipótesis sobre la relación que localidades como Matatlán tienen frente a un proceso de expansión urbana como el del Área Metropolitana de Guadalajara.

 

Tocamos la puerta de Javier Orozco buscando un historiador. Una vez en el patio de su casa, la conversación arrancó cuando nos comentó que su reputación como historiador se debe a que se ha dedicado a leer y escribir sobre la vida de Matatlán pero realmente es Ingeniero Industrial. Es sobre todo un autodidacta, parte de sus estudios los realizó en Guadalajara, parte en el Instituto Tecnológico Superior de Zapotlanejo[1], pero en gran medida, lo que sabe lo ha aprendido por él mismo.            

 

– A principios de siglo, Matatlán no era más que un pequeño satélite en torno a la Hacienda de Colimilla-Matatlán – En la opinión de Javier, Matatlán sí tiene una identidad propia: se trata de una zona que todavía no es los Altos pero donde ya empiezan los Altos. En gran medida, la población viene de esa región. Históricamente se han diferenciado - no exentos de racismo - de las poblaciones indígenas de Tonalá, Coyula o San Gaspar, del otro lado de la Barranca o incluso de Zapotlanejo, al sur de Matatlán.

 

En Matatlán, todos se conocen, todos son parientes y todos tienen algo que ver con el Padre Flores, que murió como mártir durante la guerra cristera. Javier comenta que el perfil del matateco sigue teniendo un carácter tradicional y hasta un poco aislado del mundo, pero ha cambiado un poco con el tiempo. “Cuando era joven, el nivel educativo más alto era la primaria. Ahora, hay muchos jóvenes con preparatoria y otros tantos con licenciatura.”

 

Le preguntamos por qué cree que es importante mantener la identidad de un sitio. Proteger el las barrancas, las formaciones rocosas, los petroglifos, las fiestas u otras  tradiciones, todos ellos, aspectos que Javier considera llenos de valor.  “Más que hablar de Matatlán, hay que hablar de México, un micro México: lo poquito que se conservó de la cultura Azteca es parte fundamental de nuestra identidad: el escudo, el águila, el nombre mismo”, responde convencido. 

 

El problema es que son pocos los que deciden quedarse. Javier estima que al menos el 50% de los hombres ha decidido emigrar, ya sea a Guadalajara o a Estados Unidos.  De poco sirve una licenciatura para luego atender una tienda de abarrotes. En su opinión,  “ha habido un poco de apertura, los ganaderos tienen algo de iniciativa y cada vez veo más tecnificación, pero no es suficiente. El que quiere progresar, se va.”

 

Ese mismo día se llevó a cabo una conversación con diez mujeres, un par de profesores y unos cuantos niños que se acercaron al Nómada, montado en la plaza cívica del pueblo. En la opinión de Martín Mejía, director de la primaria, “después de salir de la escuela, los jóvenes sólo tienen como opciones venirse a la plaza o irse a trabajar al campo”.  La ausencia de espacios culturales u oportunidades de adquirir conocimientos más allá de los otorgados por el trabajo en campo o por la escuela es un consenso en la conversación. En opinión de los asistentes a la discusión, existen varios limitantes, uno de ellos es la propia disposición de los jóvenes y de sus familias. De acuerdo a María Felipa de Jesús Orozco, delegada de Matatlán ante el ayuntamiento de Zapotlanejo, “hay una cultura de que tienen que estar en casa.  Es difícil que los padres participen, o inciten a sus hijos, si no ven un beneficio directo”.

 

Conversación en la Plaza Cívica de Matatlán.
Conversación en la Plaza Cívica de Matatlán.

 

– A diferencia de la gran participación que hay en cuanto al aspecto religioso, no aprecian mucho las actividades artísticas, o incluso las deportivas. De acuerdo a Martín, hace falta un punto de comparación de lo que es un trabajo formal: “cuando vino el ballet folclórico de Tepatitlán, se veía la ilusión de los niños al ver lo bonito que era”. Así, son pocos los jóvenes que acuden las tardes a las clases en la unidad deportiva, “aun cuando sean gratis e impartidas por una maestra medallista”, y los intentos de crear orquestas o clases de guitarra se han cancelado por falta de interesados por un lado, y material que haga los cursos atractivos, por otro.

 

Un segundo limitante es así la capacidad de la delegación de montar sus propias actividades. Dependen por completo del ayuntamiento para costear las clases y comprar el equipo necesario.  En ocasiones, son los hijos ausentes los que apoyan enviando dinero desde Estados Unidos.  Basta con observar el segundo piso de la delegación municipal en donde yace abandonado un amplio espacio. Hasta hace poco era la biblioteca pública, pero el municipio decidió cerrarla y llevarse los libros porque era muy poco utilizada. María Felipa comenta que no había quien la atendiera. El espacio, puede aprovecharse para generar un lugar para toda la gente.

 

“Creemos que hace falta una casa de cultura, en donde se puedan impartir talleres, como los módulos existentes en Zapotlanejo”, comenta María Felipa. En opinión de Myriam Orozco, una joven madre, lo que es necesario es mostrarles a los jóvenes que hay más cosas que las motos y el alcohol. “Yo doy clases de zumba todas las semanas y a la gente le gusta mucho”, menciona Ana Rosa Pérez. Los participantes de la charla están convencidos que algunos talleres de oficio, con la intención de generar fuentes de ingreso alternativos, serían sumamente provechosos, así como actividades que despierten la curiosidad tanto de los niños como las niñas y que los impulse a valorar más la educación. Piensan en talleres de robótica, corte y confección, bisutería, incluso mecánica.

 

Ejercicio de imaginario en las afueras de Matatlán.
Ejercicio de imaginario en las afueras de Matatlán.

 

Llegado a este punto nos topamos con la misma disyuntiva abordada por Javier Orozco. ¿Qué tipo de preparación es la necesaria para que los jóvenes puedan quedarse en Matatlán? La posibilidad de trabajar en el campo - considerando además una creciente tecnificación - es reducida. Muchas mujeres trabajan como costureras en talleres de Zapotlanejo, o en pequeños talleres en Matatlán que maquilan para otros más grandes de Guadalajara o en la cabecera municipal.  “Por diversas razones yo no pude terminar mis estudios universitarios, pero de haberlo hecho, ya no regresaba”, menciona Miriam, quien cree que existe una especie de fuga de cerebros. En la opinión de Javier: “si la gente no se hubiera ido, tendríamos una población cercana a la de Zapotlanejo”. Añade que las personas están concentradas en la ganadería, pero aprovechando el potencial turístico del entorno natural, se podrían multiplicar las ganancias.

 

Aunado a la escasez de ofertas laborales, la conectividad en la localidad es limitada y por lo tanto verla como una ciudad satélite que crece ordenadamente  en lugar de un enclave que pierde población con el tiempo es por ahora imposible. “Está muy caro el transporte. Si vas a Zapotlanejo, ¿dónde vas a comer? ¿Tienes que regresar? Son cuatro camiones...”, comenta María de la Luz Jiménez en la discusión de la plaza pública. La única línea de transporte a  Zapotlanejo cobra 14 pesos por los 20 minutos del trayecto. Existió por un tiempo una alternativa más barata, los asistentes a la discusión no saben si paró por coerción de los responsables de la otra línea o porque no era rentable. La línea a Guadalajara, explotada mediante viejas unidades, hace 1 hora 15 minutos hasta la central vieja y cuesta 7 pesos. Del trayecto, media hora corresponde a las paradas que hace en las localidades de El Aguacate y de Colimilla.

 

Con algo de orgullo, la delegada María Felipa comenta que la obra de renovación de la vialidad que conecta a Matatlán directamente con Tonalá está terminada al 90%. Javier Orozco considera también a esa carretera como una infraestructura clave en el desarrollo de la localidad. Pero es la carretera, la misma que posibilita las relaciones de intercambio entre Matatlán y Guadalajara, a su vez un elemento de atracción al desarrollo inmobiliario. En esas condiciones, el territorio alcanzaría probablemente unos niveles de conectividad y precio de suelo aceptables para la demanda, y comparables con la oferta existente. En el mismo sentido, a nivel municipal se plantean 852 hectáreas de reservas urbanas de uso habitacional de densidad media, con un potencial de población de 160,000 a 230,000 habitantes (Imeplan - Ruta 2042).

 

Esta tensión fue la línea en la que se articuló la visita de la Ruta 2042 al sitio. Buscamos contrastar los imaginarios del mundo rural con el de un entorno urbano contemporáneo. En general, se percibe desde la distancia el efecto de urbanización, aunque existe una idea común de lo que podría traer consigo. “Gozamos de ser una comunidad tranquila. Todavía detectamos los focos rojos, y  la gente respeta”, comenta María Felipe durante la discusión. Ven con desconfianza los policías que vienen, en el marco de las acciones de la Agencia Metropolitana de Seguridad, de otros Municipio; en este caso, de Tonalá. “Los policías de aquí son confiables, pero nos los quitan… y las autoridades de Tonalá sólo vienen a hacer las suyas”, comenta una de las mujeres en la mesa. En la opinión de la delegada mientras urbano más contaminado.

 

Por otro lado, tanto los adultos como algunos niños ven en el entorno natural una serie de servicios que difícilmente se encontraría en un entorno completamente urbanizado. “Lo que más me gusta es el clima, los ríos y las barrancas”, comenta Miriam. Para Martín, Arcel, Axel o Evelyne, de entre 12 y 14 años, la gran diferencia entre el pueblo y la ciudad es que en el primero hay mucho espacio y mucho verde. La unidad deportiva o el quiosco son sus lugares favoritos.  Rosa María Jiménez opina que en el campo los niños desarrollan más capacidades, a diferencia de la ciudad, en dónde hay menos convivencia y ni a tus vecinos les puedes decir hola. Ana Rosa también cree que es muy difícil vivir en  ciudad: “estuve enferma un tiempo y no tenía nadie quien me ayudara. La gente tiraba comida a la basura frente a mí para que yo la juntara”. Se trata quizá de un asunto de perspectivas. Clementina Sandoval opina que “el que quiere vivir bien, vive bien. En el campo o en la ciudad.”

 

Javier Orozco
Javier Orozco

 

Algunos aspectos “urbanos” han traído beneficios evidentes, tales como el agua o la electricidad. Además, el lodo durante el temporal de lluvias es ya un factor que genera molestias y reclamos. Paradójicamente, el asfalto en las calles choca con las costumbres de la población ya que propicia mayores velocidades cuando las personas están habituadas a transitar por ellas. En cuanto al drenaje, Javier Orozco nos menciona que muchas casas ya no requieren de fosas sépticas pero que las descargas van a parar a los arroyos, en parte debido a que la planta de tratamiento no está en funcionamiento. Existe así una especie de tensión entre el deseo de dejar de “ser un rancho” y el de mantener las virtudes de un entorno como el de Matatlán. Señalando una imagen de un fraccionamiento de viviendas unifamiliares puesta sobre la mesa, María Felipa cree que “con la entrada de esto, se pierde todo lo bueno”.

 

La opinión de Javier es similar. “Definitivamente las grandes urbanizaciones son una amenaza a la identidad. La población de Matatlán ronda entre las 3000 personas, ¿qué somos contra 50 000, 100000 personas? Nos diluyen como grupo”. Le gustaría que, más que ser vistos como una zona urbana, se les permitiera vivir como una zona rural.

 

El Plan de Ordenamiento Territorial Metropolitano (POTmet) limita en gran medida las reservas urbanas existentes. El Programa de Desarrollo Metropolitano (PDM) busca generar un conjunto de estrategias que permitan asegurar que Matatlán, entre otras localidades rurales inscritas ya en un fenómeno de expansión urbana -un fenómeno alimentado en gran medida por la necesidad de tierras baratas, propia del modelo de crecimiento actual – puedan seguir un paradigma de desarrollo en línea con una ciudad a escala humana. El objetivo es llevar el debate a las instancias de planeación municipal, y decidir si las políticas se orientan a generar núcleos de crecimiento autóctono o ciudades completas, con la capacidad de absorber parte del crecimiento demográfico del AMG, manteniendo con rigor e inteligencia las mejores cualidades de una pequeña localidad rural y asegurando los principios definidos en la visión del PDM.

 

 

Sitios de interés derivados de la actividad. Matatlán, Zapotlanejo
Sitios de interés derivados de la actividad. Matatlán, Zapotlanejo

 

 

 

[1] El ITS Zapotlanejo forma parte de las 266 instituciones del  Tecnológico Nacional de México, órgano desconcentrado de la Secretaría de Educación Pública.

 

 

Juan Ignacio Orozco Seifert es Ingeniero Civil por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Sospecha que nunca conocerá su verdadera vocación, pero hace lo que le gusta. Ha trabajado en oficinas, talleres y redacciones. Actualmente es Líder de Proyectos  en Imeplan.  @JuanOrozcoSf

Ruta 2042

Centralidad emergente Matatlán

Matatlán, como centralidad emergente, se caracteriza por su actividad rural que se han desarrollado en un contexto territorial de vocación agropecuaria delimitada por tres ríos: el río Santiago, el río Verde y eñl río de Calderón. Es una delegación de Zapotlanejo y se ubica a 13 Km hacia el noroeste de la cabecera municipal, al noreste del AMG.

imaginario de urbanización en Matatlán

Expansión Urbana y Vocación Territorial

Ricardo Figueroa acompañó a la Ruta 2042 en su recorrido por la centralidad emergente de Matatlán.

Portada. Ejercicio de imaginación en las afueras de Matatlán.

Imaginario 4 / 5

Matatlán se percibe como un espacio ajeno al bullicio del resto del Área Metropolitana. Su plaza cívica transmite tranquilidad y a su vez placidez derivada posiblemente de la convivencia de personas de distintas edades.

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